La Hiperexigencia

Autor: Mike Gómez Galian

En este blog me gustaría hablar de un tema que tanto alumnos pequeños como mayores pueden padecer y que padres, e incluso profesores, puede ser que no conozcan del todo bien, se trata de la ‘hiperexigencia’. El desconocimiento de este patrón de conducta puede crear crisis en los más jóvenes que puede acarrear consecuencias a lo largo de su vida.

La hiperexigencia se diferencia de la autoexigencia sana fácilmente, pero a veces no se es consciente de los síntomas o se desconocen los factores que llevan a un niño o joven a cruzar la delgada línea entre lo sano y lo destructivo. Este patrón de conducta se puede presentar en niños pequeños, entre 6 y 10 años de edad, hasta jóvenes e incluso adultos.

Es frecuente escuchar a niños quejarse de dolores de estómago al somatizar el estrés por exigirse demasiado y sentirse poco adecuados al compararse con otros. Hay casos de alumnos que a pesar de obtener un 9,6 de nota en un examen final se sienten insatisfechos o molestos por no haber alcanzado una nota de 10. Hay padres que no entienden por qué su hijo o hija siente estrés y quiere abandonar una u otra actividad, e incluso aseguran que nunca han alentado esa autoexigencia sino que es el propio niño el que se exige a sí mismo las cosas.

Mientras tanto el niño asiste normalmente al cole, hace sus deberes y exámenes, pero además tiene una serie de actividades extraescolares como pueden ser el conservatorio donde se espera que toque las notas de manera perfecta; clases de danza donde se prima la apariencia física y técnica; la práctica de algún deporte donde se espera que suba de nivel rápidamente; y luego el aprendizaje de un idioma en el que se espera que hable con fluidez. Después de toda esta serie de actividades queda poco tiempo para socializar y hacer amigos. Además de todo lo anterior, está la presión para comportarse y hacer lo que digan los adultos: padres, docentes, instructores o entrenadores. Algunas de las disciplinas antes mencionadas, que sin duda tienen una valor educativo, y son aparentemente inocuas, llenan el horario del niño o adolescente y de paso le mantienen alejado de pasar horas jugando en internet o a videojuegos, sin embargo, muchas de ellas exigen un alto rendimiento y perfeccionamiento para llegar a un grado de maestría o dominio y se exige del menor objetivos tan altos dando la impresión de que se están preparando para tocar en la Orquesta Nacional, que sean proficiente en varios idiomas, y sacarse un cinturón negro en karate antes de hacer el examen de selectividad.

Y luego los padres se preguntan ¿Por qué mi hijo tiene trastornos psicosomáticos? Cuando con tanta necesidad de alcanzar la perfección en todas las actividades a las que se les apunta ¿Cómo no van a cultivar una exigencia elevada y excesiva desde tan pequeños? Sería importante valorar a lo que les sometemos cada día con todas estas responsabilidades y además pidiéndoles a nuestros hijos que pongan toda su atención y esfuerzo en cada actividad. Intentando ser buenos padres/tutores al motivarlos para que desarrollen su mente al máximo, quizás les estamos negando la posibilidad de tener más tranquilidad, que puedan apagar y desconectar como también lo hacemos los mayores; quizás les negamos que centren su esfuerzo y atención en una sola cosa en lugar de estar al pendiente de muchas otras. Como si todo esto no tuviera efecto sobre la mente de un niño.

Ser niño significa también pasarlo bien, hacer chorradas, gastar el tiempo como se desee, jugar mucho, ver dibujos animados, y hacer todo aquello que no nos permite la vida adulta. Si no se hace todo lo anterior vamos a perder el preciado tiempo de la infancia y a echarlo de menos. Quizás se conviertan en una máquina de trabajar pero satisface a su corazón. Es decir, la hiperexigencia puede pasar factura  en la salud mental de los hijos  en la edad adulta si no les ayudamos a gestionar la exigencia en la niñez.

El psicólogo Rafael Santandreu nos recuerda que “uno rinde muchísimo más con la fuerza del disfrute y la alegría, que con la fuerza de la obligación.” por lo menos 5 veces más, dice este profesional. No obstante, algunos menores son sometidos a presiones indebidas. A veces algunos padres someten a sus hijos a esa presión elevada para satisfacer sus rol de padres ante los demás. Algunos profesores, ya sea de arte, deportes o idiomas, también presionan consciente o inconscientemente para alcanzar un nivel de rendimiento alto y reafirmar la capacidad de docentes ante los compañeros y padres. Toda esta presión, combinada con las actitudes innatas del niño por querer hacerlo todo bien para complacer a las figuras de autoridad que le rodean y recibir una refuerzo positivo por parte de ellos, puede llegar a ser una carga enorme. Más no siempre significa mejor. Hacer menos, especialmente cuando siendo pequeños todo a nuestro alrededor, físicamente y dentro de nosotros va tan deprisa, puede resultar ser mejor. “ Un niño hiperestimulado es un niño discapacitado”, afirma Santandreu.

Algunos estudios científicos muestran que la capacidad de un niño para estar tranquilo sin hacer nada es un indicador que predice cómo será su salud emocional como adulto de la misma manera que tener buenas notas es un indicador de futuro éxito profesional. El ejercicio de no hacer nada, es un ejercicio de anti-exigencia. Éxito sin salud emocional, no es éxito de verdad. Mi padre decía “Hay que saber ser rico, y saber ser pobre.” . hacer nada. Hay que aprender a gestionar las cosas para que salgan bien y también aprender a gestionarlas si salen mal. Es el balance entre el yin y el yang. Aplicar ese balance en ciertos momentos de la vida, también nos permite aplicarlo fácilmente en otros.

Para combatir la hiperexigencia nuestro trabajo como padres y educadores es recordar a los más pequeños que es tan perfectamente bueno y válido ganar como perder, ser el mejor o el peor, especialmente en esta edad tan temprana donde queremos que prueben un montón de actividades aunque quizás no les encanten. Con todo lo anterior no quiero decir que se debe premiar todo comportamiento porque la vida premia a quien aporta valor a la sociedad en algún aspecto.

¿Sabes quién de todos mis alumnos disfruta más que nadie aquí en TCEC? Una estudiante de 60 años que viene por el placer de aprender cosas nuevas, que es lo que más le gusta. Disfruta viniendo a clase y charlando en inglés, no hay quien la pare cuando habla, y cuando se lo está pasando así de bien, nos hace sonreír a todos. Ella no tiene ninguna expectativa ni nadie le impone una, y sin embargo, es la más feliz ¿Qué sería de todos nuestros alumnos si tuviesen esa actitud? Esa es una meta para mí.

La hiperexigencia finalmente suele darse más por querer satisfacer a otros que a uno mismo, y al final daña la autoestima, apaga nuestras ganas y nos paraliza para seguir adelante.

Dijo Toni Humphreys sobra la hiperexigencia en su libro Un ¨Tipo Diferente de Profesor’: “Se puede observar que los tres tipos de estrategias de defensa empleadas por estudiantes con baja autoestima tienen el elemento común de un intento de evitar el fracaso y la humillación. El estudiante excesivo evita el fracaso a través de una gran cantidad de trabajo, el estudiante que es arrogante y jactancioso evita el fracaso por incumplimiento, y el estudiante que se retira y es apático evita el fracaso
por falta de esfuerzo. ¿Por qué? Porque hay una necesidad primordial en nuestra cultura de autoestima: una necesidad de ser querido y valorado.” (Humphreys, Pagina 91)

¿Cómo entonces sabemos si somos hiperexigentes? La primera señal es si estamos disfrutando. Cuando no es así, estresamos a nuestro organismo. No queremos decir que hay que evitar la presión por completo y tener un conformismo máximo donde no conseguimos nada, pero tampoco queremos el otro extremo de tratarse a uno mismo como una máquina sin respetar nuestra salud. Buscamos un punto medio saludable.

Un niño de 8 años no debería sentir dolor físico por su estado mental de  ansiedad u obsesión por hacerlo todo bien. Dijo el filósofo Epicteto “No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de los que nos sucede.” Hay que enseñar a los pequeños a vigilar sus propios pensamientos, para que se den cuenta cuando son negativos o muy duros con ellos mismos, y claro, cuando lo son con otros también.

Los padres nos quieren tan imperfectos como somos y el mundo nos entenderá tan imperfectamente como nos comuniquemos. Aprender un idioma debe tener como finalidad poder conocer y aprender más acerca de lo que nos interesa, y permitirnos comunicarnos con gente que nos apetece conocer. No hace falta ser perfecto para lograr esto. Al final una sonrisa y tu seguridad en ti mismo es lo más importante. Dejar de lado la hiperexigencia nos ayuda a quitarnos un gran peso de encima y así disfrutar más la vida.

2 thoughts on “La Hiperexigencia

  1. Pilar Galian

    Completamente de acuerdo! Exigimos a nuestros hijos TODO lo que quizás no pudimos alcanzar en nuestra infancia. Les inculcamos lo que creemos que será lo mejor para su futuro como si fuesemos adivinos. Aniquilamos su creatividad y efímera infancia y la llenamos de “nuestros” sueños personales y creencias de lo que el suceso y triunfo significa. No se comparen con el resto.. ya sabemos que el césped parece siempre más verde del otro lado de la valla y jamás lo es.

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    1. Judith Post author

      Así es Pilar, muchas veces queremos reflejar en los hijos nuestros deseos y frustraciones lo cual puede tener un impacto negativo en su salud física y mental si no lo sabemos gestionar o les ayudamos a gestionarlo. Gracias por tu comentario.

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